miércoles, 16 de febrero de 2011

Esperanto a la malagueña: el curioso libro 36 (1890)

Ya en el primer número de La Esperantisto, primera revista en la lengua internacional, aparecía una bibliografía numerada de las obras publicadas en esperanto. Como es lógico, el número 1 correspondía al conocido como Unua Libro, es decir, la edición en ruso del primer manual de la lengua internacional, publicado por Zamenhof en julio de 1887. Ese mismo año se publicaron las ediciones polaca, francesa y alemana del Unua Libro a las que corresponden los números 2, 3 y 4.
En 1888 se publicó el quinto libro, la edición inglesa: Dr. Esperanto's International Tongue. Preface and complete method, de J. St. [Julian Steinhaus]. Zamenhof fue informado de la mala calidad de la traducción y el número 5 desapareció de la lista y fue ocupado por la nueva traducción, obra de Richard Geogheghan y publicada en 1889.

El doble número 5 del «Nomaro de l' verkoj pri la lingvo internacia Esperanto». La versión definitiva de Geoghegan y la efímera de Julian Steinhaus

La bibliografía numerada de la lengua esperanto siguió creciendo con los primeros diccionarios breves (malgrandaj vortaroj) en las cinco lenguas mencionadas (ruso, polaco, francés, alemán e inglés; números 6 al 10), el conocido como Dua Libro (11) y su Aldono (12), nuevos manuales en otras lenguas (hebreo, 13; yiddish, 23; sueco, 24; letón, 29; danés, 33; búlgaro, 34; italiano, 35) y diccionarios de más enjundia (Plena vortaro rusa-internacia, 17; Meza Vortaro Internacia-Germana, 21). Las primeras traducciones literarias también fueron haciendo aparición en la bibliografía. Antoni Grabowski (1857-1921), de quien se cuenta que mantuvo con Zamenhof la primera conversación en esperanto de la historia, tradujo a Pushkin (La neĝa blovado, 14) y a Goethe (La gefratoj, 17).

A. Grabowski

El esperanto en España
La penetración del esperanto en España se refleja de manera curiosa en la bibliografía numerada. Así, la primera obra sobre el esperanto para españoles no fue un manual o versión del Unua Libro, sino un diccionario, el Vortaro Esperanto-Hispana (26) obra de Edgar von Wahl (1867-1948). Von Wahl (o De Wahl), nacido en Ucrania, estudió en San Petersburgo y se instaló en Tallín. Se interesó por el volapük, pero lo abandonó por el esperanto en cuanto leyó el Unua Libro. Von Wahl experimentó con traducciones al esperanto de Lermóntov, colaboró en La Esperantisto y en 1889 publicó el diccionario esperanto-español, tomando como base el primer diccionario breve esperanto-ruso de Zamenhof.

Edgar von Wahl

Ese mismo año 1889, Joaquín de Arce y Bodega, a la sazón bibliotecario del Senado se dirigió a Zamenhof y recibió de éste tres ejemplares de su gramática (probablemente de la versión francesa). Conservó uno y envió los dos restantes a Ricardo Codorniu (1846-1923), que en 1903 fundaría la Hispana Societo por Propagando de Esperanto, y al malagueño José Rodríguez Huertas, entonces presidente del club volapukista de Málaga. Al parecer, el libro convenció a Rodríguez Huertas, pues ya en 1890 publicó el que sería el primer manual de esperanto en castellano, un curioso libro que se inscribiría con el número 36 en el «Nomaro». Así se expresaba en el prólogo sobre la nueva lengua:(1)
Mas como hemos tropezado, digámoslo así, con esta nueva lengua, de excelentes condiciones de sencillez y de más probabilidades de éxito que el Volapük, somos los primeros en arriar nuestra bandera para alistarnos resueltamente bajo la enseña que simboliza, conforme á nuestro humilde parecer, la más pronta y segurísima realización del progreso que tanto anhelamos.

Gramática, ejercicios y diccionario de la linguo internacia del doctor Esperanto

Portada del libro de Rodríguez Huertas tal y como la reproduce Ludovikito (Ito Kanzi) en Ludovikologia Dokumentaro, III, p. 257. Teniendo en cuenta el ex libris de Luis Hernández Yzal, el libro original debe encontrarse en el Museo de Esperanto de Subirats.

El libro de Rodríguez Huertas es desde el principio al final el manual más heterodoxo de los «basados» en el Unua Libro de Zamenhof. En el prólogo, tras un breve apunte histórico sobre la adopción de una lengua internacional, el autor se ocupa «de los idiomas que aspiran á ser universales, llamados Lingua, Volapük y Lingua [linguo] Internacia». Del primero, dice que se debe a «un sabio lingüista inglés, cuyo nombre no recordamos, quien [...] ha dado á luz recientemente en Londres un idioma de raices esencialmente latinas». El nombre del autor que no recordaba Rodríguez Huertas era George J. Henderson, que había publicado Lingua, an International Language for purposes of commerce and science. General outlines en la primavera de 1888 (y que posteriormente se haría esperantista). Rodríguez Huertas aseguraba que lingua carecía «de la acabada belleza y de la sublime sonoridad de tan harmoniosa lengua [el latín]». Del volapük asegura que «sus vocablos son muy difíciles de retener en la memoria».
Ya en el título de la Gramática llama la atención la u de linguo, y es que Rodríguez Huertas decide sustituir la v por u, como explica al final:

Las palabras que tienen en su raíz una v, cuyo sonido es el de nuestra u [?], se hallan escritas aquí con esta última letra. Ejemplo: akuo por akvo, linguo por lingvo, kuar por kvar, kuin por kvin, etc., etc.

A continuación, el prólogo destaca tres reglas que permiten conocer el idioma en «media hora [...] tiempo más que suficiente para conocer á la perfección su mecanismo»: la formación del femenino con el sufijo -in- (curiosa elección teniendo en cuenta la propuesta final de Rodríguez Huertas), la formación de antónimos con el prefijo mal- y la adopción de palabras internacionales. Finalmente, el prólogo destaca las raíces latinas de muchas palabras y concluye así:

Para que no se tema que, al aprender este idioma, se ha de perder el tiempo, suponiendo que no habrá persona alguna con quien entablar correspondencia, ponemos á continuación de la Gramática una carta en la nueva lengua, para que, dirigiéndose á uno de los individuos, cuyos domicilios van al pié, pueda saberse por ellos mismos que la Linguio Internacia está realizando muy rápidos progresos en toda la Europa.

En la descripción del alfabeto destaca la explicación de la j, «como j francesa: jur-o (tchuro), juramento». La explicación cobra cierto sentido ante la ausencia de la ĵ. Es decir, Rodríguez Huertas cambia la ĵ por la j.
La explicación de la ausencia de la ŭ tampoco se desvela hasta la página 30.
Por último, el alfabeto no contiene la y, lo cual no debería sorprender considerando que no existe en esperanto. Sin embargo, Rodríguez Huertas la usa para formar el plural («12. Signo único del plural, la y») y en general para sustituir a la j (yes, yam, yaro).

Los pronombres personales del esperanto, según Rodríguez Huertas

La siguiente sorpresa importante la encontramos en el cuadro de declinación de los pronombres personales. Al margen de la aplicación de los seis casos latinos al castellano, sorprende que el acusativo sea igual al nominativo. La explicación una vez más en la página 30 («Alteraciones introducidas en esta Gramática»):

3.ª El acusativo lo indicamos colocando inmediatamente después del verbo la palabra que funciona como objeto directo del mismo. Ejemplo: Mi legas via letero, en vez de mi legas vian leteron;  

Al margen de esporádicas imprecisiones, la gramática explica de manera adecuada las partes de la oración (artículo, nombre, adjetivo, adverbio, verbo...) y los prefijos y sufijos.
Tras comparar un párrafo en castellano, lingua, volapük y esperanto (a fin de destacar la sencillez del esperanto), el manual vuelve a acercarse a un manual ortodoxo: ejercicios, padrenuestro en esperanto, primeros versos del Génesis, una carta...

Rodríguez Huertas propone asimismo un modelo de carta para solicitar un intercambio de correspondencia en esperanto y añade una serie de direcciones de esperantistas europeos (Zamenhof, Kelter, Schmidt, etcétera).

Carta modelo y direcciones

Por fin, en la página 30, el autor aclara las adaptaciones que he ido mencionando:

Con el propósito de presentar este idioma á nuestros compatriotas de un modo en extremo fácil, así como por la necesidad de salvar la dificultades tipográficas que origina en un principio la publicación de un libro en caracteres extraños á los de nuestro uso nos hemos visto precisados a introducir algunas reformas al darlo á conocer, abrigando el intimo convencimiento de que el muy ilustrado filólogo por quien ha sido inventado, ha de tener en cuenta, merced á su recto criterio, que, al proceder así, lo hacemos tan sólo instigados por el deseo de que tan noble y trascendental invento sea propagado de un modo rápido, y con el menor número de obstáculos, por todo nuestro territorio.

Por último, como si de un diccionario geográfico se tratara, el autor ofrece información de las distintas ciudades en que «se admite correspondencia en linguo internacia». Llaman la atención algunos de los topónimos que se usaban [?] en la época; como éste, que supongo que se refiere a Aquisgrán (Aachen, Aix-la-Chapelle)

Alemania
Chapelle tiene fábricas de máquinas, paños y alfileres.  

El diccionario, muy reducido y sin criterio claro, ocupa las páginas 34 a la 51. A la última entrada del diccionario (zorg-i, cuidar) le sigue la palabra FIN. Sin embargo, aún queda la parte más desconcertante.

«Reforma que proponen los amantes de este idioma residentes en Málaga»
Bajo este título, y después de adaptar el alfabeto y eliminar la marca de acusativo, Rodríguez Huertas propone sustituir el artículo único la por una serie de artículos definidos e indefinidos con marca de género y número. Ésta es su propuesta.

En vez del único artículo la, común á todos los géneros, números y casos, convendría emplear le, une, para los nombres de varón, sus oficios y animal macho; la, una, para los nombres de mujer, sus oficios y animal hembra, y lo, uno, para preceder á los nombres de cosas, cuyos plurales serian respectivamente: ley; uney; lay; unay; loy; unoy.
Admitida esta reforma por el inventor, podría permanecer invariable la palabra que designa nombre masculino, al variar de género: v. gr.:
Le ĉevalo (el caballo), la ĉevalo (la yegüa); ley ĉevaloy (los caballos); lay ĉevaloy (las yegüas).
Esto sería muy conveniente para el conocimienro de los vocablos y la pronta traducción, puesto que de la simple inspección del artículo se deduciría si se trataba de nombres de personas ó animales de uno u otro sexo, ó de seres inanimados.

En la entrada «Hispanujo», la Enciklopedio de Esperanto afirma que José Rodríguez Huertas además de ser autor de esta primera gramática para españoles también fundó el primer club esperantista del país en 1892.
La Gramática, ejercicios y diccionario de la linguo internacia del doctor Esperanto se convirtió en el número 36 de la bibliografía esperantista. Zamenhof no quedó complacido con la obra.

Notas:
(1) En todas las citas he conservado la ortografía de la época y las erratas del original.

Ĝisdatigo
Toño del Barrio atentigas min pri artikolo aperigita en Boletín de HEF en 1987.
Juan Azcuénaga jam bonege pritraktis la aferon.
Jen la ligilo:
www.gazetejo.org/system/files/gazetoj/bol279.pdf (p-oj 9-12)

5 comentarios:

viktoro dijo...

Tre interese!
Gratulon!

Karles dijo...

Mi aliĝas al la gratulado.

desespero dijo...

Dankon.

Metalserfo dijo...

Este señor fue el primer idista antes de la creación del Ido, el también fué la primera persona que se dió cuenta de los errores de Zamenhof. fastídiense, esperantistas

desespero dijo...

Sobre la primera parte de su comentario, sí, es una manera de verlo. Sobre la segunda parte, a mí me fastidia bastante poco, la verdad.